October 6th, 2006 por eunice szpillman Tiempo es lo que me faltaba para escribir este post, porque ganas las tenía todas. Hace cuestión de un mes, Victor me envió este enlace de google videos: una conferencia de 50 minutos de Luis Von Ahn, desarrollador de The ESP Game y otras muchas aplicaciones íntimamente ligadas al Human Computation, o la relación simbiótica entre humanos y ordenadores.
Luis Von Ahn pretende dotar de inteligencia a la máquina para hacernos la vida más fácil, pero eso no es posible sin los humanos. Su exposición transcurre con constantes guiños a Matrix, bromea sobre si el humano es la energia del computador, como en la película, o si realmente sin sentido común o visión subjetiva serían capaces de sobrevivir.
Ahn utliza en sus aplicaciones los principios básicos de esa relación, invirtiendo los procesos de obtención de información. En la computación tradicional, el humano proporciona un problema a la máquina y la máquina devuelve una respuesta que el humano debe evaluar. En el human computation el proceso se invierte: la máquina pide al humano (o a varios) cierta información, que es procesada, evaluada y almacenada por la própia máquina. De modo que la próxima vez que se realice una consulta tradicional a la máquina, ésta tendrá una respuesta más o menos válida dependiendo del número y fiabilidad de las fuentes que haya usado para conseguirla.

Ilustración de Ben (Robot Comix).
Hay determinadas características de los humanos, me gustaría pensar que infinitas, que lás máquinas son incapaces de desarrollar, como la interpretación subjetiva, que es lo que nos interesa. Por ejemplo, algo claro y que cualquier blogger habrá visto: los CAPTCHAS, o enemigos del spam. Esas cajas con números y letras deformados y de colores que debemos rellenar para poder insertar un comentario. La máquina pide al usuario que inserte una información que para el humano resulta sencilla de proporcionar, pero para la máquina es prácticamente imposible, ya que es incapaz de encontrar un patrón que relacione esas deformidades aleatorias con números y letras corrientes y molientes.
La batalla pro o contra el spam es un claro ejemplo de cómo el humano lucha contra la máquina; de cómo el humano tiene que aprovecharse de las ventajas que tiene frente al ordenador. En los dos sentidos. Una de las respuestas a los CAPTCHAS fue la que me contó fr3nd hace ya un tiempo: cierta web se las ingenió para utilizar el mismo proceso y acumular resoluciones de capchas ofreciendo contenidos pornográficos gratuítos a cambio de que los visitantes descifraran algunos. Los inputs recibidos eran procesados, evaluados y almacenados para ser utilizados en favor del spam. Feo a la par que ingenioso.
En la conferencia, Ahn explica cómo utiliza él el human computation para algo positivo, y lo hace con un gran sentido del humor. Explica que la mejor forma de resolver un problema no es darse con la cabeza contra una pared, sino jugando. El ESP Game, por ejemplo, es un juego que permitiría (o permite), en un cortísimo periodo de tiempo, tagear todas las fotografías de internet de una forma divertida y barata. ¿Por qué pagar a cientos y cientos de personas para que evalúen los posibles tags de una fotografía y conseguir resultados viciados y poco fiables, cuando puede conseguir un resultado mucho más fiable con poco dinero y ofreciendo diversión a los supuestos trabajadores?
ESP Game es un juego on-line por parejas muy parecido al Tabú. La máquina elige una fotografía al azar de las indexadas por Google imágenes, y propone a los dos jugadores describirla con palabras (pide al humano cierta información). Los dos participantes empiezan a insertar palabras que consideran que describen esa imagen, y la fase se gana cuando los dos jugadores están de acuerdo en una misma palabra (la máquina recibe miles de inputs de diferentes fuentes), “Los dos ganan muchos puntos, y están muy contentos” palabras de Luis. Cuando el juego está en un proceso más avanzado y ha evaluado, procesado y almacenado suficientes tags relativos a una misma imagen, aparecen las palabras tabú. Palabras que ya han sido consideradas buenas como tag de esa imágen y que no pueden ser nombradas durante esa ronda (utliza las respuestas obtenidas en un proceso tradicional). Esto proporciona tags nuevos y diferentes a los ya conseguidos. Ahn asegura que 5000 personas jugando simultáneamente podrian tagear todo Google Imágenes en tan sólo dos meses, y que la mayoria de juegos individuales en Yahoo tienen una media de 5000 jugadores simultáneos.
En el mismo tipo de idea, Ahn ha desarrollado también Peekaboom, un juego que permite saber a la máquina dónde están situados los objetos de una imagen. Es decir, le proporciona un par de ojos. En Peekaboom, a uno de los jugadores se le muestra una imagen y una palabra: un objeto (un tag de los obtenidos en ESP Game), Al otro jugador, una pantalla sin nada. El primero, mediante clicks con el mouse, debe señalar dónde se encuentra este objeto. Al segundo se le va destapando la imagen según donde clickee el primero, hasta que adivina de qué palabra le está hablando. De éste modo y juntando los clicks de todos los jugadores y con complejos sistemas de evaluación, la máquina sabe exactamente dónde se encuentra, píxel a píxel ese objeto.
Actualmente está desarrollando Verbosity, un juego que permite al ordenador tener sentido común. Se proporciona una palabra al narrador y el otro jugador debe saber de qué palabra se trata mediante las descripciones del primero.
Máquinas que hablan, ven y tienen sentido común. Todo un paso hacia adelante para la creación de vida de silicio. Dejando de lado sus aplicaciones sociales, claros avances para facilitar la accesibilidad a personas con disminuciones, o mejorar búsquedas comunes, queda reflejada la necesidad humana de hacer que las máquinas sean nuestros clones mejorados. Y ya no es ciencia ficción. Las consolas tienen blogs, e intentan con sus limitaciones emular el sentimiento humano, se ponen tristes si no se juega con ellas y eufóricas si la puntuación es alta. Las consolas como centros multimedia y el fenómeno del juego on-line hacen que siempre estén respirando, siempre estén vivas y alimentadas por la actividad humana, que puedan aprender a clonar los roles del homo sapiens para que nosotros podamos construir nuestra vida en 0’s y 1’s, ir a pescar a un río de píxeles o pagar nuestra hipoteca con monedas isométricas.
Pero, ¿por qué dotar a una máquina de sentido común (humano), si ya tienen su própio sentido común (de máquina)? Tones dice que las máquinas hacen “cosas de máquina” y tiene razón, simplemente están y se preocupan de mantenerse encendidas. La máquina es capaz de resucitar una vez muerta y mutar en otros objetos u aplicaciones, es precisa y eficaz, y fue creada por humanos. Vida eterna, resurrección y perfección, algo que muchos desearían pero no pueden implementar en ellos mismos. Quizás por ese motivo, en lugar de trasladar eso al humano trasladamos nuestra capacidad cognitiva, deductiva y sentido común a la máquina.
Igual de irracional que enseñarle a escribir a un mono o hacer que un caballo andaluz camine sobre dos patas. ¿Debería existir la Asociación Protectora de Máquinas y Computadoras?
September 5th, 2005 por eunice szpillman
Cuando yo era pequeña, resultaba vergonzoso lucir de forma ostentosa cualquier marca comercial demasiado cara. En la zona alta de la ciudad, lo vergonzoso era no hacerlo. Enormes cocodrilos verdes y bolsos decorados con indianas de logotipos Louis Vuitton. Pendientes y bolsos-logo de Tous, y el mayor logro: Estampado Burberrys. Esos cuadros que ya nadie podrá usar sin recordarnos a la marca.
Nosotros, gente de case media, llevabamos pantalones Levi’s con la etiqueta recortada y el enorme parche de piel marrón en el culo (con la talla, por cierto), era arrancado solo salir de la tienda. Esto que con perspectiva me parece una estupidez, era algo necesario para diferenciarnos de lo que considerabamos pijos o gente poco deseable que no iba con nuestro estilo de vida. Sí, una tonteria de quinceañero, pero necesaria para sentirnos bien en nuestro entorno. Sin llevar ropa demasiado cara, cualquier muestra de comercialidad era pagada con “insultos” del estilo: pijo, niño de papá, etc… Era un radicalismo postalero.
Los tiempos cambian, y aunque ahora el radicalismo y el pijismo también implican una determinada forma de vida y una forma de vestir, esta diferenciación de indumentaria no se basa en la ausencia-de-marcas VS marcas-caras, sino en una guerra de las mismas; con una pequeña diferencia: estas marcas ya no son un pequeño detalle en la ropa, unas líneas en el hombro, o un minúsculo rectángulo rojo en el culo; ahora, son enormes logotipos en el pecho, frases en 130inch de dudoso ingenio que incluyen la marca y estampados gigantescos… Camisetas lisas, con un logo. Sí, así, sin bragas ni nada.
Ahora lo que mola es convertirnos en hombres cartel. Como aquellos crestudos que anuncian recónditas tiendas Dr.Martens en Camden Market o como los que te invitan a entrar en una tienda clandestina de visones de contrabando, con un ojo en la calle y otro en el coche de policía; caminando aparatosamente con dos enormes carteles colgando del cuello, o haciendo bíceps sosteniendo pancartas de grandes dimensiones.
Es un hecho: desde hace muchos años, a un jugador de tenis, le pagan por vestir una determinada marca de ropa. Existen enormes disputas. El quién da más en los patrocinios de equipos. Enormes imagos de productos enlatados en los uniformes de los futbolistas, importantes cadenas de supermercados introducen su marca en las bandas de los atletas. Los grandes festivales de música son conocidos por la marca de bebida alcoholica que los patrocina. Y todos ellos pagan y reciben enormes cantidades de dinero por esa transacción gráfica.
Nosotros, como tontos, no cobramos por ello. No somos tenistas, ni jugadores de futbol, tampoco la imagen de un festival y sin embargo pagamos cifras astronómicas por llevar una camiseta-anuncio de ésa marca que tanto estilo y valores tiene (eso sí, aliñada con unos pantalones de segunda mano), las Lovemarks crecen a ritmo desorbitado, y esa pasión que antes era una garrulada, ahora es lo más. Los pijos de desvanecen con el tiempo. Es el fin.
¡Que vivan los anuncios prêt à porter!
August 11th, 2005 por eunice szpillman 09/08/2005
San Sebastián, Estadio de Anoeta.
Teloneros: Kaiser Chiefs, Franz Ferdinand

Llegamos sobre la 1 del mediodía a San Sebastián, como una servidora no había ido nunca, hicimos lo que tocaba, y después de patearnos todo el paseo, llegamos al peine de los vientos, donde había de todo menos vientos.
Cerveza en una plaza y comida en una ciudad que, a esas horas ya era un hervidero de fans de U2 histéricos, que llenaban bares, restaurantes e incluso la catedral, haciendo casi imposible la obtención de un simple bocadillo a menos de 15 euros. Como la fortuna nos sonreía ese día, encontramos sitio en un restaurante casi perfecto, donde nos cobraron 15 euros + IVA por 4 lagostinos y 3cm cuadrados de bacalao rebozado. Pero eso era lo de menos, estabamos emocionados por lo que iba a acontecer en breve. La esperada banda ya debía estar rondando la ciudad desde hacía horas y nosotros no teníamos ni las entradas.
Todo indicaba que intentar acercarnos en coche al estadio sería casi imposible, aún así lo intentamos. Encontramos aparcamiento a 500m del estadio. Todo un logro teniendo en cuenta que el Estadio de Anoeta parecía un criadero de grillos con cláxons sonando en todas direcciones. La ertzainza ponía multas a los ciclomotores mientras los coches taponaban las calles.
Encontrar la taquilla de ticktackticket fue poco menos que una odisea. Justo cuando discutíamos sobre si el 16% de la población utilizaba línea ADSL, llegamos a una garita semi-abandonada con un cartel pegado con celo, donde se recogían las entradas de venta por internet. En ese momento decidimos que un 1% de la población utilizaba dicha conexión para algo. Ni una cola, ni un minuto de espera, y las entradas eran nuestras.
Ahora era el turno de de las cervezas. Encontramos mesa en un bar al lado del estadio (milagro) y pedimos las primeras cervezas. La venta de camisetas falsas incrementaba por segundos. Camisetas de diseño dudoso a las que solo les faltaban las ciudades del tour en comic sans, y a precios desorbitados teniendo en cuenta su autenticidad. Carteles pegados por las paredes, anunciaban la venta de chapas de U2 y “de regalo, dos entradas”, una forma bastante ingeniosa de vender entradas de reventa de forma legal: a ver que ertzainza le pone una multa a alguien por comprar dos chapas a 300 euros.
3,2,1 y entramos. Nuestro sitio – alejado del escenario – es bastante aceptable. Bono será una hormiga para nosotros, pero al menos estará centrado. Empiezan a las 19.00 los Kaiser Chiefs, una banda de Leeds de la que no sé muy bien que decir. Excepto que no me disgustaron y que pagaron el pato de ser los primeros. A los pobres chicos les tocó ser acompañados de dos pantallas de retransmision de imagen, que estaban totalmente desfasadas con respecto al sonido que emitían.
Luego llegan los titanes Franz Ferdinand, a eso de las 21. Con una puesta en escena bastante cutre: Una tela con dos “F” , 4 juegos de luces, y la transmision en los videowalls en blanco y negro. Vestidos al más puro estilo Kraftwerkiano y botando sin parar, tocaron todos sus hits. Sonaron realmente bien. Jamás había visto a Franz Ferdinand; ni siquiera sabía qué cara tenían, pero ¡Por dios! el guitarrista/corista ¡Es clavado a Kyle MacLachlan! En ese preciso momento me declaré fan total de Nick McCarthy y su camisa roja con estrellas blancas. Terminan con Take me out, para dejarnos con buen sabor de boca mientras esperamos media hora más a que empiece U2.
El concierto se adelanta 10 minutos, como el de Barcelona. Suena vertigo, pero antes de eso, la cuenta atrás sucede con una curiosidad: Bono la hace en Euskera. No voy a comentar tema a tema, ni sobre lo maravillosos que sonaron porque esto lo podéis leer en cualquier periódico. Como leíamos en La Vanguardia el Lunes: Ya se ha dicho todo. Así que me limitaré a citar unas cuantas curiosidades/anécdotas que se sucedieron a lo largo del concierto.
EL DECORADO
En la base del escenario había una enorme pasarela en forma de corazón, por la que Bono y su troupe se paseaban con su equipo wireless haciendo las delicias de sus fans. Los más rápidos, o los más enchufados (unas 300 personas) tuvieron la suerte de estar viendo el concierto dentro de ese corazón, apretados como sardinas pero sintiendo el sudor de los ídolos.
Había un enorme monitor de leds - siguiendo los pasos de Jenny Holzer - justo en medio del escenario, imagino que debido a su afán por mejorar el mundo y ahorrar energía. Allí tuvieron lugar unas videoproyecciones que a mi, personalmente me dejaron con la boca abierta.
LAS VIDEOPROYECCIONES
Una pantalla a cada costado, y la macropantalla en el centro. En las pantallas laterales una división por la mitad, y en cada una de ellas uno de los componentes. Perfecto para seguirles sin demasiado esfuerzo, aunque, el cámara que seguía a Bono seguro que llevaba encima más cervezas que todos nosotros juntos.
Dejando de lado las primeras proyecciones que considero, eran bastante horteras (letras japonesas y chinas, 0s y 1s, frecuencias hertzianas y todo tipo de combinaciones inspiradas en el visor de winamp), el resto, conforme avanzaba el concierto fueron incrementando en calidad (que no en originalidad). Tuvieron un momento muy pero que muy Kraftwerk cuando las sucesiones de letras –geométricas y de palo seco- rojo sobre negro, blanco sobre rojo, se avalancheaban contra los leds siguiendo las bases de las melodías. Una parecía estar en pleno Radioactivity (que por cierto, sonó nada más terminar el concierto)
La paloma de la paz y las manos entrelazadas en colores dorados dieron un poco la nota, pero la proyección de los derechos humanos en Euskera hizo agitar el estadio hasta límites insospechados. Yo, claro, no entendí ni una palabra, pero por suerte el precioso vídeo de una japonesa azulada leyendolos en inglés facilitó las cosas.
DOS ANÉCDOTAS
El día 8, fue el cumpleaños de The Edge, y los componentes del club de fans de U2 de Valencia, habían empapelado el estadio anunciando que tenían la intención de cantar el Happy Birthday To You con motivo de su 44 cumpleaños. Había dos intentos: Después de Beautyful days, y después de One. Ninguno de los dos sucedió con éxito, así que se quedó sin canción.
Justo cuando era la hora del discurso anti-terrorista, algún simpático de la grada lanzó un petardo que me dejó literalmente acojonada varios minutos.
UNA DE TRAPITOS
Bono se cambio en 3 ocasiones de look. Apareció con un traje digno del primer premio del FAD, luego se lió un trapo en la frente donde ponia escrito a rotulador : COEXIST. Grito con el que pidió la coexistencia de las religiones del mundo. Luego nos vaciló a todos cantando un tema entero con los ojos vendados. Para finalizar el concierto eligió un bonito vestido a lo Sargent Pepper.
NO FALTARON LOS TÓPICOS
La ola humana prodigó en el estadio, no faltaron los gritos típicos del “oé oé oéeee”, y, a pesar de que los tiempos cambian y todos nos modernizamos, el momento mechero teenager sigue sucediéndose en los macroconciertos. Sonó One y miles de lucecitas decoraron Anoeta. Nos quemamos los dedos a base de bien, pero quedaba precioso.
Bono incitó a que cambiaramos los mecheros por los teléfonos móviles, que, abiertos, emitían una luz blanca bastante menos cool que la del mechero, pero algo menos perniciosa para nuestros dedos. Se me queda cara de imbécil cuando el susodicho aprovecha que todos tenemos el móvil encendido y fuera de las mochilas, para pedir al público que mande un sms al XXXX con la palabra AFRICA para reunir donaciones beneficas. El llamamiento se hace visible en los monitores en los que se deja bien clarito el número. La jugada sale rana: No hay cobertura en el estadio.
LA ENVIDIADA Y ODIADA FAN
Llegó el momento que todos esperamos, el primer Bis empezó con With or without you, y como buen invitado, Bono no dejó a sus fans con las ganas. A dedo, o al pito pito (no sabemos), eligió a una chica que lloraba en el interior del corazón. La subió al escenario, y cantó todo el tema abrazado a ella. La chica, que parecía una estatua de cera, no fue capaz de mover ni una ceja y cuando Bono le besó la mano, ella parecía desvanecerse ante los gritos histericos del resto de compañeras. Habrían matado por estar ahí.